Comer hormigas y otros insectos previene el cáncer, según esta investigación

Los médicos pronto podrían recomendar la ingesta regular de insectos como las hormigas o los grillos para protegerse contra el cáncer, tal y como concluye un innovador estudio científico reciente.

Los insectos son ventajosos frente a otras fuentes de proteína animal debido a su carácter mucho más sostenible, su consumo podría servir para reducir la producción cárnica industrial y mermar considerablemente el desperdicio de agua y emisión de CO2. Además son ricos en nutrientes fundamentales para el ser humano y constituyen una vía de solución al hambre fundamental, tal y como indica este completo y extenso informe de la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Ahora, un estudio realizado por científicos italianos de la Universidad de Romarevela que el invertebrado ubicuo, en común con otros como los saltamontes y los grillos, contiene altas concentraciones de antioxidantes, compuestos fundamentales para reducir las reacciones químicas en el cuerpo que producen radicales libres, sustancias que incrementan el riesgo de padecer cáncer y que también se han relacionado con mayores posibilidades de enfermedades cardiovasculares y diabetes.

En los experimentos realizados, los responsables de la investigación encontraron que después de moler a los insectos, muchos tenían varias veces la concentración de antioxidantes que se encuentran en el jugo de naranja o en el aceite de oliva, dos de los elementos más recomendados para limitar los radicales libres. Los extractos solubles en agua de saltamontes, gusanos de seda y grillos mostraron los valores más altos de capacidad antioxidante, cinco veces más que el zumo de naranja fresco.

El profesor Mauro Serafini, quien dirigió la investigación recordó que al menos dos mil millones de personas, una cuarta parte de la población mundial, comen insectos con regularidad. Por otro lado, según John Chambers los insectos serán la principal fuente de proteínas en 20 años.

“Los insectos comestibles son una excelente fuente de proteínas, ácidos grasos poliinsaturados, minerales, vitaminas y fibra”, indicó el profesor. “Pero hasta ahora, nadie los había comparado con los alimentos funcionales clásicos como el aceite de oliva o el jugo de naranja en términos de actividad antioxidante”.

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